La formación bonificada permite a las empresas utilizar el crédito disponible para formar a sus trabajadores. Sin embargo, disponer de ese crédito no significa necesariamente que se esté aprovechando bien.
El verdadero valor de una acción formativa no está en utilizar una bonificación, sino en conseguir que la formación responda a una necesidad real de la empresa y de las personas que participan en ella.
En una empresa gráfica, de packaging, etiquetas o de cualquier otro entorno industrial, las necesidades pueden ser muy diferentes: actualizar conocimientos técnicos, mejorar procesos productivos, desarrollar competencias de responsables y mandos intermedios, incorporar nuevas herramientas digitales o preparar al equipo para cambios dentro de la organización.
Por eso, antes de preguntarnos qué formación podemos bonificar, conviene plantear otra cuestión:
¿Qué necesita aprender o mejorar nuestro equipo?
¿Qué es la formación bonificada?
Las empresas que tienen trabajadores en Régimen General de la Seguridad Social disponen de un crédito destinado a la formación de sus trabajadores.
Este sistema permite aplicar bonificaciones en las cotizaciones a la Seguridad Social una vez realizada la formación y siempre que se cumplan los requisitos establecidos.
La cantidad disponible depende de diferentes factores, entre ellos las cotizaciones realizadas y el tamaño de la empresa.
Por tanto, la formación bonificada no debe entenderse simplemente como un catálogo de cursos gratuitos.
Existe un crédito disponible y unas condiciones que deben cumplirse para poder aplicarlo correctamente.
El crédito es un medio, no el objetivo
Uno de los riesgos de plantear la formación únicamente desde la bonificación es invertir el orden de las decisiones.
Primero se encuentra un curso que puede bonificarse y después se buscan participantes para realizarlo.
El planteamiento debería ser el contrario.
Primero se identifica una necesidad.
Después se determina qué personas necesitan desarrollar esas competencias.
A continuación se selecciona o diseña la formación adecuada.
Y, finalmente, se estudia cómo utilizar el crédito disponible para financiarla.
La bonificación se convierte así en una herramienta para facilitar el desarrollo de un plan formativo que ya tiene una finalidad empresarial.
Empezar por detectar necesidades formativas
Antes de seleccionar una acción formativa conviene analizar qué está sucediendo en la organización.
¿Existen conocimientos técnicos que necesitan actualizarse?
¿Se están produciendo errores recurrentes?
¿Se ha incorporado nueva maquinaria, software o tecnología?
¿Hay profesionales que han asumido nuevas responsabilidades?
¿Es necesario mejorar determinadas competencias de gestión?
¿Se están introduciendo cambios en los procesos?
Las respuestas ayudan a identificar dónde existe realmente una necesidad de formación.
En Print Consulting, la formación a medida parte precisamente de la detección y diagnóstico de necesidades formativas para establecer objetivos y priorizar las necesidades de cada área.
No todas las personas necesitan la misma formación
Otra cuestión importante es determinar quién necesita participar.
Enviar a un grupo completo a una formación únicamente porque existe crédito disponible puede hacer que parte del contenido resulte poco relevante para algunos asistentes.
La formación debería dirigirse a los profesionales que necesitan adquirir, actualizar o reforzar las competencias trabajadas.
En una empresa industrial pueden coexistir necesidades muy diferentes.
Un técnico de preimpresión puede necesitar actualizar conocimientos sobre preparación de archivos o gestión del color.
Un responsable de producción puede necesitar desarrollar competencias relacionadas con planificación, costes o gestión de equipos.
Un departamento creativo puede necesitar aprender a incorporar nuevas herramientas de inteligencia artificial.
El objetivo debe ser conectar cada necesidad con las personas adecuadas.
Formación estándar o formación a medida
Una vez identificada la necesidad, también hay que decidir qué tipo de formación resulta más adecuada.
En algunos casos puede existir un curso programado cuyo contenido responda correctamente a lo que necesita la empresa.
En otros, la necesidad puede ser suficientemente específica como para requerir una formación a medida.
La formación in-company permite adaptar los contenidos a las necesidades concretas de la organización y organizar la actividad teniendo en cuenta su propia realidad.
Print Consulting contempla dentro de este proceso el diagnóstico de necesidades, el diseño de planes y contenidos, la organización y ejecución de los programas y su posterior seguimiento y evaluación.
Relacionar la formación con problemas reales
En entornos industriales, la formación adquiere especial sentido cuando está conectada con situaciones que los participantes reconocen en su actividad diaria.
Por ejemplo, una formación técnica en flexografía puede relacionarse con el conocimiento de las variables del proceso de impresión y la identificación de problemas en máquina.
Una formación sobre costes puede ayudar a comprender mejor cómo se construyen los escandallos y cómo se relacionan coste, precio y margen.
Una formación para responsables de producción puede abordar cuestiones relacionadas con planificación, organización del trabajo o toma de decisiones.
Cuanto más clara sea la conexión entre contenido y necesidad, más fácil será trasladar posteriormente lo aprendido al puesto de trabajo.
Definir qué queremos conseguir antes de formar
Una necesidad formativa debería poder convertirse en un objetivo.
No basta con establecer que el equipo necesita “más formación” en un determinado ámbito.
Conviene concretar qué conocimiento o capacidad debería adquirir.
Por ejemplo:
Comprender mejor un determinado proceso técnico.
Aprender a utilizar una nueva herramienta.
Actualizar conocimientos ante un cambio tecnológico.
Desarrollar competencias necesarias para asumir nuevas responsabilidades.
Mejorar la capacidad para identificar y resolver determinados problemas.
Esta definición permite seleccionar mejor los contenidos y posteriormente analizar si la acción realizada ha respondido a la necesidad inicial.
La gestión administrativa también importa
La formación bonificada requiere cumplir determinadas condiciones y realizar una gestión administrativa adecuada.
La empresa necesita conocer el crédito disponible, organizar correctamente la acción formativa y cumplir los requisitos establecidos para poder aplicar la bonificación.
Esta parte es necesaria, pero no debería absorber toda la atención.
El objetivo empresarial continúa siendo formar a las personas.
Por eso puede resultar útil diferenciar entre dos planos: la gestión administrativa de la bonificación y la gestión de la formación.
Ambas son necesarias, pero responden a preguntas distintas.
La primera permite utilizar correctamente el crédito.
La segunda determina qué formación necesita realmente la organización.
No esperar al final del año para pensar en formación
El crédito disponible para formación está vinculado al ejercicio correspondiente.
Por eso, dejar la planificación para los últimos meses puede provocar que las decisiones se tomen condicionadas por la necesidad de utilizar el crédito disponible.
Una planificación más anticipada permite analizar necesidades, establecer prioridades y distribuir las acciones formativas de acuerdo con la actividad de la empresa.
En un entorno productivo esto puede ser especialmente relevante.
La disponibilidad de los equipos, los periodos de mayor carga de trabajo y las necesidades operativas también deben tenerse en cuenta al organizar la formación.
Evaluar qué ocurre después del curso
El proceso no debería terminar cuando finaliza la formación.
Después conviene analizar qué ha ocurrido.
¿Los contenidos respondían a la necesidad detectada?
¿Los participantes han adquirido los conocimientos previstos?
¿Pueden aplicarlos a su actividad?
¿Han aparecido nuevas necesidades?
Print Consulting incorpora el seguimiento y la evaluación dentro de su planteamiento de formación a medida, incluyendo el análisis posterior de progresos y dificultades.
Este seguimiento permite utilizar la experiencia de una acción formativa para mejorar las siguientes.
De utilizar crédito a construir un plan de formación
Cuando la formación bonificada se utiliza únicamente para consumir el crédito disponible, existe el riesgo de convertirla en una sucesión de cursos desconectados.
En cambio, cuando parte de un diagnóstico, puede integrarse dentro de una planificación más coherente.
El proceso puede plantearse de forma sencilla:
Necesidad → objetivo → personas → formación → aplicación → evaluación.
La bonificación se incorpora a ese recorrido como una herramienta de financiación.
De esta manera, la empresa no decide qué aprender en función del crédito, sino que utiliza el crédito para apoyar aquello que realmente necesita aprender.
Formación bonificada para empresas gráficas e industriales
Print Consulting desarrolla formación especializada para empresas de la industria gráfica, packaging y etiquetas, además de trabajar competencias transversales aplicables a otros entornos industriales.
Su oferta contempla tanto cursos programados como formación a medida y acciones in-company.
Print Consulting también gestiona la bonificación de la formación a través de FUNDAE y puede encargarse, cuando la empresa lo solicita, del cálculo del crédito disponible y de la gestión necesaria para llevar a cabo la formación.
De esta forma, la gestión administrativa puede integrarse dentro de un planteamiento formativo orientado a las necesidades reales de la organización.
¿Cómo aprovechar mejor la formación bonificada?
El punto de partida no debería ser preguntar cuánto crédito queda disponible.
La primera pregunta debería ser qué necesita mejorar la empresa y qué competencias necesitan desarrollar las personas para conseguirlo.
Una vez identificada esa necesidad, puede diseñarse o seleccionarse la formación y estudiar cómo aprovechar el crédito disponible.
Así, la formación bonificada deja de ser únicamente un trámite administrativo y se convierte en una herramienta para desarrollar las capacidades que necesita la organización.
Consultar con Print Consulting las necesidades formativas de la empresa y la gestión de la bonificación FUNDAE.